Entrevista al Dr. Carlos Cordón-Cardo, Director del Departamento de Patología del Mount Sinai Hospital de New York

El Dr. Cordón-Cardo está considerado uno de los pioneros de la patología molecular oncológica y ha sido nombrado por la Universidad de Stanford como uno de los 400 investigadores biomédicos más influyentes del mundo.

Entrevista al Dr. Carlos Cordón-Cardo, Director del Departamento de Patología del Mount Sinai Hospital de New York

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El Dr. Cordón-Cardo está considerado uno de los pioneros de la patología molecular oncológica y ha sido nombrado por la Universidad de Stanford como uno de los 400 investigadores biomédicos más influyentes del mundo.

 

Usted superó un cáncer de colon y explicó su experiencia en un artículo en 'La Vanguardia' que obtuvo gran repercusión. ¿Cómo ha cambiado la situación para los enfermos de cáncer en los últimos diez años?

El cáncer es una enfermedad en la que hemos visto desarrollos importantes durante las dos últimas décadas. En los últimos diez años hemos visto resurgir toda una serie de terapias más personalizadas y guiadas por el método científico, bien sea identificando cuál es la diana terapéutica que queremos atacar en el tumor, utilizando el arsenal que tenemos ahora incluyendo pequeñas moléculas inhibidoras  y más recientemente el renacimiento de la inmunoterapia. Esto junto con el desarrollo por primera vez de técnicas de tratamiento basadas en utilizar células amaestradas, está dando una visión mucho más positiva de lo que es el tratamiento individualizado de la enfermedad cancerosa. Pese a esto, lo más importante que estamos logrando es que gracias a medios de comunicación como el vuestro estamos llegando a la población, y cada vez nos encontramos con tumores en fases más iniciales, que es cuando podemos curar. Los tumores más difíciles diagnosticados en fases iniciales, en fase 1 o fase 2, incluidos los tumores de páncreas o de ovarios que son altamente agresivos, los podemos curar. Este tiene que ser el objetivo más importante. En Estados Unidos hablamos mucho de ‘healthcare’, es decir de sanidad en el contexto del individuo, no del paciente, pero la realidad es que en estos momentos ejercitamos más un ‘sickcare’ que un ‘healthcare’. Nos viene la gente cuando no se siente bien, cuando ya está enferma.  Estaría bien que de la misma manera que llevamos el coche a una revisión anual, nosotros también tuviésemos nuestra revisión anual debidamente organizada y que nos permitiera, sobre todo en individuos de alto riesgo, identificar enfermedades justo cuando están naciendo, más que cuando ya se están expandiendo.

 

"Tenemos que empezar a movernos del ‘sickcare’ a un ‘healthcare’ específico"

 

Qué diferencias principales existen entre EEUU y Europa en este campo, usted que lleva allí más de treinta años.

En lo que respecta a investigación básica y traslacional, quizá en Estados Unidos y en otros países como Canadá hay más fuentes económicas que nos ayudan. También hay una visión filantrópica muy amplia que en países como España todavía no se ha acabado de despertar. Es cierto que hay fundaciones y algunas familias que ven en la investigación del cáncer o en la biomedicina una inversión de futuro, pero aún es algo restringido. Desde el punto de vista de los servicios clínicos, hay una semejanza muy grande. De hecho, si existe un fármaco con posibilidades de ofrecer una mejoría llega inmediatamente a todos los países desarrollados. España tiene una red de oncólogos extraordinaria, muchos de los pacientes están en ensayos clínicos y se ofrece una medicina de alto estándar, no solo desde el punto de vista de los médicos sino también de todo el establecimiento que ayuda al paciente, desde enfermería a laboratorios. En este sentido cada vez estamos todos más cerca.

 

¿Qué avances en biología molecular de los que se están desarrollando en el Mount Sinai destacaría?

Los avances más importantes se dan no solo en el contexto del cáncer sino de muchas otras enfermedades neurobiológicas, inflamatorias, de uso cada vez más amplio. Disponemos de un arsenal de marcadores biológicos, moleculares y genéticos que nos ayudan a establecer un diagnóstico mucho más preciso y personalizado, así como a perfilar mejor cuáles son las dianas terapéuticas de cada paciente en un momento específico de su enfermedad. En radiología ha sucedido lo mismo, hemos pasado de una radiología en “blanco y negro,” anatómica por definición, ejemplarizada por los rayos X, a una radiología dinámica y funcional, como en el caso de resonancia magnética (MRI) o tomografía por emisión de positrones (PET), en muchos casos apuntada con marcadores moleculares que nos permiten visualizar nódulos o regiones muy pequeñas con inicios de la enfermedad, que puede ser incluso el inicio de la metástasis. Tenemos una medicina cada vez más apoyada por un razonamiento científico y por toda una serie de tecnologías adicionales que se han asentado en los últimos años como parte de la rutina médica diaria.

 

¿Cómo pueden ayudar las nuevas tecnologías digitales a mejorar el diagnóstico y el tratamiento de los enfermos de cáncer?

Nosotros estamos desarrollando ya de hace unos años un programa en patología digital colaborando con empresas pioneras en la ingeniería médico, como Philips, así como otras pioneras en tecnologías de la información, como IBM y Google. De hecho en Europa ya hay algunos países en los que prácticamente todos los casos de patología quirúrgica están siendo digitalizados mediante escáneres, de forma que se pueden compartir fácilmente con otros departamentos. Estamos también convirtiendo la imagen visual en morfometría, o sea elaborando como un GPS que nos permite navegar en los tejidos como nuestro coche en las ciudades más complejas.  Podemos así traducir las imágenes en  mapas a nivel matemático. Hemos transformado la laminilla con un tejido bajo el microscopio y nuestro ojo observador en un alogaritmo de alta precisión matemática que nos permite diagnosticar y pronosticar con gran precisión, como el GPS del coche nos permite llegar exactamente a la dirección seleccionada. Esto ha ayudado a retirar la opinión, que a menudo esta fuera de contexto, y ofreceré un fenotipo cuantificado, basado en  conocimiento que no teníamos hasta ahora. Uno de nuestros proyectos más recientes ha sido la creación de un ‘Centro de Patología Computacional y de Sistemas’ que pretende definir matemáticamente tanto el genotipo (nuestro patrón hereditario) como el fenotipo (la expresión de nuestro genoma en el contexto de nuestro entorno. Tomamos información de muchas fuentes, como la historia médica electrónica, la morfología, la morfometría, patrones genéticos, biomarcadores, etc., e intentamos reducir esta complejidad a la simplicidad mediante la elaboración de algoritmos.  Utilizando técnicas de ‘machine learning’ y ‘deep learning’ que nos permiten ser cada vez más cuantificativos y poder enfocar la enfermedad para cada paciente en un momento determinado.   Nuestro lema es traducir “datos” en “conocimiento,” y gestionar este conocimiento para mejor gestionar la salud de nuestra comunidad.

 

¿Y de qué manera pueden ser útiles para empoderar al paciente para que sea más responsable de su enfermedad e individualizar la medicina?

Cada vez compartimos más con el paciente la gestión de su enfermedad. Hemos aprendido que algunos pacientes quieren saber cómo se ve su tumor bajo el microscopio, por lo que compartimos con ellos las imágenes, que valen más que muchas palabras. Una vez compartimos este enemigo conjunto, afrontamos la enfermedad como una comunidad que estamos dispuestos a trabajar juntos con un objetivo muy específico. Igualmente, disponer de información constante de toda una serie de procesos biológicos que podemos especificar gracias a tests de sangre o de orina, que son muy poco o nada invasivos, nos da una serie de parámetros que los pacientes pueden ir siguiendo y que les ayudan a saber dónde estamos y responder preguntas que serían difíciles de contestar sin ese tipo de información. Estamos trabajando también con una serie de compañías, tanto de biotecnología como empresas farmacéuticas y de la información, en la producción de toda una serie de 'apps' que nos ayudan a guiar mejor al paciente,  permitiendo  la gestión de la enfermedad de una forma más precisa y junto con el paciente y sus familiares.

 

"El ‘machine learning’ nos permite ser más cuantificativos y enfocar la enfermedad para cada paciente"

 

El big data sanitario es otro de los 'topics' de nuestro tiempo. ¿Qué pueden hacer centros como el Mount Sinai para proteger la seguridad de los datos de los pacientes?

Los datos de los pacientes están muy bien guardados. Disponemos de computadoras altamente poderosas, así como de ‘firewalls’ y mecanismos de alta seguridad que hacen que sea muy difícil acceder a esos datos. Lo más importante es el qué hacemos con este ‘big data.’ Comento últimamente que si alguien en Nueva York quiere ‘big data’ puede ir a la Biblioteca Nacional de la Quinta Avenida donde están prácticamente todos los volúmenes publicados en la Historia de la humanidad en todas las lenguas, pero quién sabe todas las lenguas y quién tiene tiempo para leerlos. Nuestro lema en estos momentos es cómo convertir los datos en conocimiento, que es lo que poca gente hace. Guardar resultados no quiere decir fomentar conocimiento. Hay que filtrar ese conocimiento y gestionarlo para conseguir objetivos específicos. Nuestro reto es ofrecer a cada paciente una mejor oportunidad para que se cure mediante la elección más apropiada de su tratamiento, manteniendo al mismo tiempo que proteger su integridad personal y moral en el contexto de una ética social moderna. Lo importante no es acumular datos sino buscar formulación matemática que nos permita extraer conocimientos para que un día realmente podamos decir que hacemos ‘healthcare’. Tenemos que empezar a movernos del ‘sickcare’ a un ‘healthcare’ específico. Nos queda aún mucho por aprender, pero es cierto que en muchos tumores vemos curaciones que eran totalmente inesperadas hace unos quince o veinte años. El siguiente reto es cómo avanzar en la gestión de este conocimiento, buscando colaboración con las empresas de biotecnología y farmacología, para poder escoger los siguientes pasos en el tratamiento de estas enfermedades crónicas y complejas.  En otras palabras, tratar la “causa” u “origen” de la enfermedad, no su “sintomatología,” para así poder establecer no su cronificación, sino su cura.