Antonio Reig | Coordinador de la IV Jornada sobre ‘Tecnología al servicio de la salud’

Antonio Reig | Coordinador de la IV Jornada sobre ‘Tecnología al servicio de la salud’

Antonio Reig | Coordinador de la IV Jornada sobre ‘Tecnología al servicio de la salud’

Antonio Reig

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Antonio Reig, coordinador de la IV Jornada sobre ‘Tecnología al servicio de la salud’ de la UPV, analiza cómo la innovación mejora la eficacia de la gestión del modelo sanitario:

 

La Ciudad Politécnica de la Innovación de la Universidad Politécnica de Valencia (UPV) acogió el 26 de abril pasado la IV Jornada sobre ‘Tecnología al servicio de la salud’, un encuentro para profesionales que abarcó las diferentes áreas que involucran a la salud, incluyendo la gestión como punto de partida para enlazarlo con la búsqueda de un modelo sanitario sostenible basado en la eficiencia y la Medicina Personalizada.

Antonio Reig, coordinador de la jornada, responde las siguientes cuestiones sobre los temas tratados en el evento, apoyado en la colaboración de expertos como Artur Palet, director de Desarrollo de Negocio de Roche Diagnostics.

 

¿Cuál es su valoración sobre las IV Jornadas sobre Tecnologías al Servicio de la Salud? ¿Cumplieron su objetivo?

La IV edición ha sido todo un éxito. Consideramos que se han cumplido los objetivos que nos planteamos en su día, se han podido tratar los temas más candentes hoy en día por los mejores expertos, además con una perspectiva bien amplía por venir de hospitales, industrias tecnológicas, administración y farmacéuticas. Y con un enfoque eminentemente práctico contando con la participación de un aforo completo de asistentes (250 personas).

 

La búsqueda de un modelo sanitario sostenible basado en la eficiencia pasa por una buena gestión. ¿Cómo debe gestionarse?

La base para la gestión sanitaria es comprender que se trata de un área más en la que rigen las mismas reglas de buena gestión. Conceptos como uso eficiente de los recursos, inversión en las áreas con resultados más prometedores, planificación, seguimiento y control de los proyectos más importantes, tienen el mismo sentido que en cualquier otro negocio. Y ante la polémica de sanidad pública o privada, tal y como se dijo, debe abordarse por juicios objetivos y no por prejuicios. La clave está, para mí, en hacerlo entendiendo que en sanidad, sin embargo, la mayor parte de las cosas importantes funcionan justo al revés: el conocimiento está en la base de la organización (los profesionales sanitarios) y esto implica que es en ellos en los que hay que invertir si queremos capacitar a la organización para afrontar con éxito los nuevos retos. No se trata de mantener y tener cada vez más clientes como en otras empresas, sino todo lo contrario. Finalmente, es importante no olvidarse cuando aplicamos estas reglas y esta es la parte genuinamente diferencial de la gestión sanitaria, el hecho de que estamos trabajando con personas. Ello exige una sensibilidad especial para no abandonar las áreas poco rentables, saber invertir en ellas como parte fundamental para construir y mantener el estado de bienestar en el que vivimos.

 

El próximo siglo nos va a traer la salud particular, a la medida de cada uno

 

¿Hasta qué punto un modelo sanitario aplicado al ámbito de la salud está basado en la eficiencia de las nuevas tecnologías? ¿Puede distorsionar la innovación el modelo utilizado hasta ahora?

Basta con mirar hacia atrás para darnos cuenta de que la respuesta es un rotundo sí. Los avances tecnológicos de las últimas décadas han supuesto una verdadera revolución en el ámbito de la salud. Además, la previsión es que este impacto será exponencial en los próximos años como consecuencia del desarrollo de nuevas líneas de tratamiento basadas en la disponibilidad de equipos diagnósticos cada vez más potentes (atención al nuevo rol que va a jugar la farmacia para hacer ciertos diagnósticos), el mayor conocimiento genético del individuo concreto al que se quiere tratar o las nuevas posibilidades de cuidados posibles, no solo en el campo del tratamiento de las enfermedades establecidas, sino también en el de la prevención de la enfermedad antes incluso de su aparición. El reto ahora es ser capaces de hacer todo esto desde la responsabilidad en el consumo de recursos para hacer sostenible este progreso, en este sentido, igual que pasa en el resto de áreas de negocio, la propia tecnología causante de esta revolución tiene que ser también el mayor aliado a la hora de encontrar la manera de hacerlo.

 

Siempre pensando en el servicio de la salud, ¿cómo se puede conseguir coordinar tantas áreas diferentes como pueden ser la gestión, la eficiencia, la codificación, la medicina personalizada, la investigación o la tecnología?

Por suerte todas las áreas que mencionas están relacionadas entre sí. Por ejemplo la codificación sirve para poder conocer lo que está pasando en detalle y a partir de ahí construir los indicadores con los cuales podemos medir el desempeño de la eficiencia y gestionar mejor el presente. Pero si realmente queremos gestionar bien una entidad es posible también usar esta información codificada en el campo de la investigación para desarrollar nuevas soluciones, muchas de ellas basadas en el ámbito tecnológico, para ofrecer una asistencia cada vez más personalizada y de mayor calidad o menor coste. Y sin duda, hay que llevar a las aulas la formación adecuada. La universidad tiene que estar muy vinculada a los cambios de la sociedad, esta es una de mis obsesiones y por ello estoy en la organización de estas jornadas.

 

¿Podría explicarnos que supone la Codificación, versión 9 a la 10 de CIE, usado en EEUU y en España, y cómo ha sido este último año con el modelo de sistemas de información sanitaria implementado el 1 de octubre de 2015?

El cambio de versión 10 de la CIE (Clasificación Internacional de Enfermedades) ocurrido en EEUU del 1 de octubre de 2015 (y su rápida introducción también en España el 1 de enero de 2016) supone, si puedo usar un símil, lo mismo que ha supuesto en audiovisuales la evolución de la resolución de las pantallas. Antes trabajábamos con pantallas en las que la información se representaba en unos pocos pixeles y con una gama muy limitada de colores. El resultado eran imágenes adecuadas para ser observadas en movimiento y en su conjunto pero que no tenían ninguna precisión a medida que queríamos observar un objeto concreto haciendo zoom. Pues bien, con el cambio de versión hemos pasado de 15.000 posibles diagnósticos y 4.000 procedimientos para describir toda la realidad de la asistencia sanitaria, a más de 60.000 diagnósticos y 72.000 procedimientos. Imagina la precisión con la que somos capaces de observar una intervención quirúrgica, por ejemplo, cuando hacemos zoom sobre lo que está pasando en un quirófano y las posibilidades que esto nos ofrece, como ya te comenté antes, no solo para mejorar la eficiencia de lo que estamos haciendo ahora, sino también como base para la investigación de cómo podemos hacerlo mejor en el futuro. Imagino que fuéramos capaces de ofrecer una medicina personalizada pero siguiéramos codificando la actividad como cuando no existían esos tratamientos, ¿cómo podríamos observar, describir y analizar la nueva realidad? Pues bien, el sistema de codificación es el lenguaje con el que es posible hacer todas esas cosas y, como tal, tiene que ir evolucionando a la vez que lo hace la realidad que trata de describir.

 

¿Explíquenos cómo serán los tratamientos aplicando las nuevas tecnologías al servicio de los especialistas, pacientes y enfermos crónicos?

La diferencia fundamental con los tratamientos actuales, en los que en general se tratan enfermedades crónicas existentes, será que el tratamiento se aplicará sobre pacientes aún sanos pero propensos a desarrollar una enfermedad crónica para evitar su aparición. Dicho así, puede sonar un poco a ciencia ficción y lejano que, en el futuro, la mayor parte del tratamiento se hará sobre personas sanas y no sobre las enfermas pero, sin embargo, esa ha sido la base de la revolución en el área de la salud en este último siglo, en el que la introducción de una serie de medidas de salud pública (agua corriente, higienes, antisepsia, vacunación, etc.) aplicadas sobre la población ha permitido que esta mantuviera su salud por más tiempo. Quizá la diferencia será que, en lugar de salud pública estándar para todos, el próximo siglo nos va a traer la salud particular a la medida de cada uno para retrasar aún más la aparición de la enfermedad.

 

Por Beatriz Cortiles