De la innovación a la transformación de la sanidad

Es necesario desarrollar tecnologías que aumenten la precisión y la exactitud de la sanidad y que generen datos que se puedan analizar.

De la innovación a la transformación de la sanidad

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Destruyamos, creativamente, el modelo de servicios sanitarios y reconstruyámolos para hacerlo mejor. La ética de la prestación sanitaria no sólo depende de la buena intención, sino también de la calidad de los resultados. Artículo de Julio Mayol, director de Innovación del Hospital Clínico San Carlos (Madrid).


Estamos en 2016, ocho años después de la declaración de inicio de la última crisis financiera, económica y social de lo que va de Siglo XXI. Y continuamos debatiendo el futuro de los sistemas sanitarios, analizando las causas de su decadencia, buscando culpables entre la cronicidad y la tecnología sin hallar soluciones definitivas. Por ello, me gustaría empezar este año apelando a la iconoclastia. Destruyamos, creativamente, el modelo de servicios sanitarios y reconstruyámolos para hacerlo mejor

Para empezar, los sistemas sanitarios surgen a partir de la amplificación, primero por Bismark y luego por Beveridge, del “acto médico” propio de una profesión liberal ejercida durante siglos. Dado que la medicina era muy segura pero poco efectiva, el médico (profesional liberal) obtenía sus honorarios por el servicio prestado, no por el resultado obtenido. Este modelo de negocio, con una amplia validación social, estaba y está regido por una arquitectura ética derivada del imperativo categórico kantiano: dada la buena intención en la provisión del servicio, la bondad del mismo es independiente del resultado obtenido. Esto es, el contrato social es de medios, no de resultados. Resulta innegable que este modelo ha sido exitoso, especialmente durante la segunda mitad del siglo XX, cuando la medicina fortalece su base científica y el progreso del conocimiento hace que sea más efectiva, pero a la vez menos segura. Y es en el siglo XXI cuando entra en una profunda crisis financiera desencadenada por varios factores (aumento de la población, aumento de la expectativa de vida, cronificación, encarecimiento de la tecnología, etc), pero que no son la causa de la misma. 

Las causas son inherentes al propio modelo. Básicamente se pueden resumir en dos, la “enfermedad de los costes” descrita por Baumol (en el sector sanitario se produce continuamente un incremento de salarios que, a diferencia de otros sectores, no está vinculado al aumento de productividad) y la desconexión entre los resultados en salud y los costes, descrita por Porter. 

Como consecuencia de lo anteriormente expuesto, todos los sistemas de salud actuales comparten tres características:

a. Ingestionables (pero si administrables): desconexión entre los resultados y los costes

b. Impredecibles en su evolución: no se ha definido el resultado que se quiere obtener

c. Insostenibles (más con lo mismo o lo mismo con menos): nunca se tiene suficiente de lo que no se necesita.

Cinco grandes problemas
No es de extrañar, entonces, que estemos continuamente analizando y debatiendo sobre la sostenibilidad sanitaria infructuosamente. Hasta ahora, las soluciones propuestas e implementadas, aún parcialmente, suelen ser: proporcionar menor cantidad de servicios, o de menor calidad, o aumentar su precio, recurrir al voluntariado, externalizar la gestión o la provisión o aumentar la productividad mediante tecnología. Sin embargo, el resultado de cualquiera de estas medidas, con un cumplimiento variable, no ha llevado a solucionar los cinco grandes problemas de todos los sistemas sanitarios (Muir Gray): 

1. Variación no deseada en resultados y calidad

2. Daño a los pacientes

3. Inequidad por el deficiente uso de los recursos

4. Desperdicio de los recursos sin maximizar el valor

5. Fracaso en la prevención de la enfermedad

Sólo algunos reconocen que el modelo estructurado alrededor de la prestación de servicios ya no es válido y debe ser transformardo para conseguir una sanidad basada en valor. Para nosotros, en la Unidad de Innovación del Instituto de Investigación Sanitaria San Carlos (IdISSC), la transformación sanitaria sólo se desarrollará si conseguimos llevar a cabo un proceso simultáneo de innovación en tres esferas en los próximos veinte años.

Para empezar, y en lo referente a la innovación social, sería preciso un cambio desde el riguroso “categoricismo” kantiano actual hacia el consecuencialismo. Esto es, todos debemos entender y asumir que la ética de la prestación sanitaria no sólo depende de la buena intención, sino también de la calidad de los resultados obtenidos. Para ello, debe promoverse la medición y la publicación de los resultados en salud (obtenidos a través de las TICs) de una manera transparente y no punitiva (en la misma vía seguida con la seguridad del paciente). 

En cuanto a la innovación en modelo, se debe empezar a cambiar el marco de financiación/pago, hacia uno que se vincule al ciclo completo de cuidados y a los resultados tanto individuales como poblacionales. Evidentemente, esto impone un cambio de las estructuras asistenciales verticales, en silos incomunicados, por otras horizontales y enfocadas a los pacientes (no al servicio). Todo ello llevaría a transformar el sistema, de uno centrado en la prestación del servicio a otro basado en valor para los tres actores principales del sistema: pacientes, profesionales y políticos/gestores (valor personalizado, valor científico-técnico y valor de asignación, respectivamente).

Finalmente, es necesario desarrollar tecnologías que aumenten la precisión y la exactitud de la sanidad y que generen datos que se puedan analizar y explotar (información y conocimiento), de manera que se construyan sistemas de apoyo a la toma de decisiones (basadas en valor) para los tres actores antes mencionados. Me atrevo a proponer ocho áreas de mayor impacto:  

Imagen: Nuevas técnicas híbridas que fusionen imágenes hasta que el cuerpo humano sea anatómica y molecularmente transparente, codificable e interpretable mediante sistemas de inteligencia artificial.

Ómicas: La combinación de biología y sociología explicarán mejor los factores y determinantes de estados de salud y de enfermedad, con ayuda de la bioinformática. 

Sensores: De manera transparente (no invasiva ni intrusiva para el paciente), se pueden obtener datos de manera remota, (más allá de las habituales: pulso, EKG, tensión arterial, temperatura, saturación de oxígeno, frecuencia respiratoria), con su geolocalización, con el potencial para la monitorización, el diagnóstico y el análisis de patrones de calidad de vida.

Tecnologías point-of-care: La microfluídica y la nanotecnología hacen posible análisis de muestras biológicas (incluso en el rango de picolitros) mediante sistemas miniaturizados en el sitio donde se encuentre el paciente (cama, domicilio, etc) con resultados en tiempo real.

Telemedicina: Las tecnologías de la comunicación, asociadas a sistemas de ayuda a la toma de decisión, tienen que conectar a pacientes con profesionales sanitarios. La asistencia de calidad debe ser conveniente y accesible a los ciudadanos, incluso en áreas remotas y con menos recursos.

Medicina móvil: Aplicaciones para dispositivos móviles tipo ‘Smartphone’ o Tablet que posibilitan la autogestión de enfermedades de alta prevalencia y baja complejidad, y que hacen accesible la asistencia de calidad, sin necesidad de recursos humanos adicionales. Además, hay soluciones que permiten aprender jugando y cuantificar el aprendizaje (para profesionales, TouchSurgery).

Robótica: Dispositivos de pequeño tamaño y gran precisión, diseñados para llevar a cabo tareas específicas de manera automatizada, que eliminen tareas repetitivas, de limitado valor añadido y con riesgo de generar errores por fatiga de los humanos que las realizan habitualmente.

Big Data/IA/Datos: Algoritmos cada vez más complejos, capaces de entender el lenguaje natural y con acceso a bases de datos estructuradas y no estructuradas, que identifiquen nuevas asociaciones, correlaciones y causalidades que hasta ahora no nos resultaban accesibles. 

En resumen, una sanidad de calidad y sostenible, para todos, precisa de una deconstrucción creativa que sólo la innovación puede traernos. Y en cada uno de los vértices del triangulo de la innovación (social, de modelo de negocio y tecnológico) existen infinitas oportunidades para el progreso.