Entrevista a Homero Rivas, Director de Cirugía Innovadora en la Facultad de Medicina en la Universidad de Stanford

Homero Rivas es director de Cirugía Innovadora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (California, EEUU), lo entrevistamos para Smart Health.

Entrevista a Homero Rivas, Director de Cirugía Innovadora en la Facultad de Medicina en la Universidad de Stanford

Homero Rivas

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Homero Rivas es director de Cirugía Innovadora en la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford (California, EEUU). Tras una década implicado en el avance de la salud digital y móvil, ha lanzado diversas compañías y ha sido asesor de múltiples start-ups del sector.

Como explorador oficial de las Google Glass ha participado en numerosos proyectos de investigación relacionados con el uso de las gafas de Google y otros dispositivos ‘wearables’ siempre con el objetivo de mejorar la seguridad en el quirófano. Hablamos con él en Barcelona, donde asistió el pasado mes de mayo como uno de los ponentes destacados del congreso Health 2.0 Europe.

¿Cómo entró en el mundo de la Digital Health y la mHealth?

Fue hace unos ocho años, como resultado de la frustración de la práctica diaria de la medicina en un subgrupo de mis pacientes. Soy cirujano digestivo y parte importante de lo que hago, más allá de la cirugía, es el seguimiento integral del paciente. Por ejemplo, tengo pacientes con obesidad mórbida y operarlos no es un acto de magia para perder peso, sino que es el resultado de que los vea un equipo integral formado por nutricionistas, psicólogos, cirujanos, etc. En el sistema de salud en el que estoy involucrado es sabido que si yo opero a alguien, para que tenga buen resultado tiene que volver a verme, a mí o a mi equipo, por lo menos 5 o 6 veces durante el primer año. Por tanto, si hago 100 cirugías al año, significa que después tendré que atender 500 o 600 visitas anuales. Llega un momento que no es escalable, y recuerdo que en aquel momento empezaba la furia de las aplicaciones y un amigo me dijo que debería hacer una con la ayuda de un diseñador de software. Lo hice y recuerdo entrevistas a medianoche con gente de India o Europa del Este para que desarrollaran la aplicación a buen precio. Fue un experimento muy interesante, fue divertido y tuve muy buena respuesta de los pacientes. Es algo que sirve para descomprimir las listas de espera y me abrió los ojos sobre las grandes ventajas que tiene apoyarse en el uso de tecnologías de la información y la comunicación, por lo que decidí involucrarme más en este mundo. 

¿Cómo aceptaron los pacientes ver a su médico a través de una aplicación?

Los pacientes son los mejores abogados de su salud, porque son las más interesados en sentirse bien. A los doctores por supuesto nos interesa que los pacientes mejoren, pero obviamente son ellos los que piensan en su salud 24 horas al día. Ellos son los mejores adoptadores de estas tecnologías de información y comunicación, ellos fueron quienes empezaron la creación de webs y comunidades en internet, algunas sobre enfermedades desde muy raras a muy comunes, donde se pueden apoyar porque intercambian ideas sobre lo que han experimentado, lo que ha ido bien o mal. En cierta manera, esto sirve para expandir la información y, por tanto, el conocimiento médico. Nosotros los médicos somos muy escépticos ante cualquier cosa que no sea convencional. Las generaciones antiguas son más renuentes, las nuevas no tanto, y este será un cambio generacional. Hasta ahora no nos ha importado esperar unos días para que el médico nos reciba, o tener que ausentarnos del trabajo en mitad de la jornada, o esperar en la sala de espera 2 o 3 horas. Pero el día que yo le diga a mi hija, dentro de 10 o 20 años, que tiene que hacer esto para ir al médico me dirá que estoy loco y que para eso está el teléfono y las nuevas tecnologías. Esto va a pasar. 

¿De todas las aplicaciones de salud que hay en desarrollo, qué porcentaje acaba siendo validado, llega al mercado y, por tanto, al paciente?

Un porcentaje muy bajo. Un colaborador nuestro publicó un estudio hace unos meses sobre todas las aplicaciones de mHealth y había casi 100.000 apps en el 2013. Las que estaban aprobadas por la Food and Drug Administration (FDA) no alcanzaban el 1% y eran sobre todo aquellas que eran diseñados para el uso de un dispositivo médico, como un electrocardiograma que usa una app, algo que ya existe y que se asocia a una aplicación. La tecnología va mucho más rápido que el proceso de evaluación, lo que impide que se evalúen todas. También hay muchas apps que no deberían haberse realizado porque quienes las hicieron vieron una oportunidad, emprendedores sin conocimientos médicos que cogieron un libro y dijeron vamos a convertir esto en una app. Pero si hay ya muchas aplicaciones más formalizadas porque hay grupos multidisciplinarios que cuentan con médicos, ingenieros, psicólogos de la conducta e incluso pacientes y sólo así es que como puede funcionar. 

"Los pacientes son los mejores abogados de su salud,

son las más interesados en sentirse bien" 

Pasando a otro tema, explíquenos su experiencia con las Google Glass en el quirófano.

Es interesante porque cuando Google sacó este dispositivo al mercado nos presentó la tecnología a un grupo de exploradores para que nosotros hiciéramos lo que pudiéramos. Creo que ellos jamás tuvieron la intención de que se fuera a usar en algo tan serio como la cirugía, ya que en realidad no fue diseñado para esto. Las Google Glass son un instrumento extraordinario porque es un ordenador en la cara, pero es extremadamente primitivo para lo que realmente queremos y pensamos hacer con ellas. Tan pronto la gente empezó a usarlo en medicina, Google se preocupó y la manera más fácil de apreciar esto es que bloquearon el software de Google Hangouts para que no se pudiera usar con la intención que mucha gente tenía. Pero muchos emprendedores y desarrolladores crearon su propio software. Yo colaboré de forma estrecha con Julián Beltrán, un genio del software, y con su grupo de Murcia, quienes hicieron eso y muchas otras innovaciones, teniendo mucho éxito. Glass tiene muchas características que son adecuadas para su uso en quirófano, ya que es un dispositivo de manos libres que atiende a comandos de voz, así como un motor de inteligencia artificial aunque sea muy pequeño, y que estando en el quirófano puede proveernos de información instantánea de manera bilateral, entre la persona que usa las gafas y un receptor lejano. Las desventajas son que tiene una batería muy inestable y de corta duración, no es demasiado sutil, ya que los pacientes sienten algo raro cuando te ven con ellas, la visión periférica es limitada, cuando uno llega a transmitir cirugía a través de uno de estos softwares las luces del quirófano son muy brillantes y no se ve bien. Pero ya hay otros prototipos de gafas extremadamente sofisticadas donde se puede ver de forma estereocóspica el mismo vídeo que uno ve en las pantallas de laparoscopia. 

¿Qué otras aplicaciones de cara al aprendizaje de médicos residentes pueden ofrecer estos dispositivos?

Es fabuloso en este sentido, porque gran parte de los gastos de la educación especializada es el hecho de llevar a los cirujanos a otro lugar para que aprendan algo, además de que pierden su trabajo ese día. Con las gafas puedes transmitir a cualquier parte del mundo y algunas son tan sofisticadas que uno con sus propios dedos puede hacer comandos en el aire de cualquier tipo, porque de hecho estás usando un ordenador virtual. 

En su ponencia ha apuntado a la Digital Health como la solución al modelo de negocio en el ámbito sanitario. ¿Nos lo puede explicar?

Creo que la práctica médica no es sostenible. Mi padre es cirujano, siempre lo vi trabajar mucho toda la vida y yo siempre me decía que sería igual que él pero no trabajaría tanto. Ahora creo que trabajo aún más, el éxito es el peor fracaso porque cada vez uno trabaja más y eso no es sostenible. Por eso el teléfono móvil es una tecnología de la comunicación universal, todo el mundo tiene uno, porque no lo usamos para esto. La manera convencional como nosotros escalamos en medicina es muy burda: una es trabajar más, que no se puede; la otra es muy romántica, que es enseñar a gente para que hagan lo mismo que yo y ser representado por todos, pero no es cierto, Por tanto tenemos que crear algo que sea automatizado y algún día se logrará. La medicina digital empezará primero por la educación, la simulación y la prevención, y en un momento dado pasaremos al diagnóstico e incluso al tratamiento. De la misma manera que un robot puede crear pantalones o zapatos en una fábrica, nosotros podremos poner un software que analiza la tomografía de alguien, ve dónde está el apéndice, calcula las coordenadas y se lo quita. Y nosotros vamos a estar solamente pendientes de si sale algo mal. 

¿Qué puede ofrecer la impresión 3D en un futuro inmediato en el ámbito de la salud?

Ya hay muchas compañías que están explorando el uso de la tecnología 3D en medicina. Sobre todo para cosas sencillas como fracturas, colocar prótesis o férulas muy customizadas. Dependerá más que nada de los sistemas de salud y su viabilidad para la innovación, para ver si se pueden crear este tipo de compañías. Recientemente realizamos un estudio de mercado y vimos que en toda Sudamérica el país que más invierte en innovación médica es Chile, con 100€ por persona y año, a diferencia de economías muy grandes como las de Brasil o México que no llegan a los 10€. En lugares como Estados Unidos hay muchas restricciones y hay que batallar un poco más. Como hemos dicho, esto será un cambio generacional y va a ocurrir pronto porque los pacientes lo van a reclamar más y más. 

Según su opinión, ¿qué tecnología, innovación o app será imprescindible en la práctica clínica diaria en un futuro cercano?

Mi apuesta son tres cosas: en primer lugar, wearables, sensores que lleva uno mismo y que ya se han usado desde hace años. Dispositivos como los marcapasos no son wearables, son implantables, y creo que va a haber implantables cada vez más pequeños. De la misma forma que hay gente que lleva tatuajes, no les va a importar llevar un implantable. La segunda son las impresoras 3D, y quizá más adelante el bioprinting o 3D biológico, con cartílago, piel, hueso y órganos vitales (riñón, hígado, etc.). Y la tercera, que es algo que a mí me atrae mucho, es el uso de drones en medicina. Robots ya los usamos, pero los drones van a ser muy útiles en metrópolis grandes. En una ciudad como Barcelona, en mitad del día, con todo el tráfico, si alguien tiene un colapso cardiaco cuando llega la ambulancia es demasiado tarde. Si uno lleva un sensor, wearable o implante, y siente que la frecuencia cardiaca está a 10 o 20, envía una señal o un tuit con la posición exacta por GPS, lo recoge un dron que viene de inmediato, le da una aspirina y le salva la vida. Esto va a pasar, de la misma manera que ya hay automóviles sin conductor.

Por  B. Cortiles y J.L. Cánovas