La radiofrecuencia en la atención y gestión hospitalarias: un camino hacia la Smart Health

De entre todas las posibilidades de la RFID, la más explotada hasta el momento es su capacidad para rastrear e identificar personas, objetos, información, que en el caso de su aplicación a hospitales agiliza notablemente la prestación del servicio.

La radiofrecuencia en la atención y gestión hospitalarias: un camino hacia la Smart Health

A día de hoy la implantación de RFID en los hospitales es un hecho

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De entre todas las posibilidades de la RFID, la más explotada hasta el momento es su capacidad para rastrear e identificar personas, objetos, información, que en el caso de su aplicación a hospitales agiliza notablemente la prestación del servicio.

En 2007, Aguado, Álvarez y Barcos publicaron un artículo titulado ‘RFID and Health Management: is it a good tool against system inefficiencies?’ . El principal objetivo de aquel trabajo fue llamar la atención sobre cómo la tecnología RFID  podría ayudar a superar una buena parte de las limitaciones tecnológicas y de los flujos de trabajo en la gestión hospitalaria asistencial y no asistencial. Ocho años después parece un buen momento para retomar aquel objetivo, actualizando la respuesta desde las experiencias aportadas por los importantes avances tecnológicos y de gestión hospitalaria que han tenido lugar. 

El punto de partida en aquel momento era concienciar a los responsables de la gestión sanitaria de la importante oportunidad que ofrecía esta tecnología cuando era utilizada en la implantación y difusión de la filosofía Lean Services,  con el objetivo de reforzar el  controlar sobre los costes internos y externos, mejorar la satisfacción de los clientes, aumentar los beneficios, reducir los litigios de diversas índoles y disminuir la dependencia presupuestaria que presentan los hospitales en relación al Gobierno y las compañías aseguradoras. La nueva tecnología que podríamos utilizar para alcanzar estas importantes ventajas, que iba a permitir al personal sanitario mantener a la vista, en todo momento y de forma actualizada la información relativa al flujo de los pacientes, no era otra que la hoy bien conocida identificación por radiofrecuencia y que hace ocho años era aún una importante desconocida en el ámbito industrial en general, y sanitario en particular.

En estos ocho años transcurridos hemos podido asistir a procesos de implantaciones reales y a desarrollos académicos de aquella propuesta apuntada, de tal modo que ya podemos extraer algunas conclusiones respecto a la validez de las hipótesis de partida y las potencialidades aún no cubiertas. En su momento, la propuesta de aquel artículo pudo considerarse más como una apuesta de futuro que como una realidad , pero a día de hoy la implantación de RFID en los hospitales es un hecho, del cual tenemos múltiples ejemplos de aplicaciones en curso. Y, por supuesto, no puede dejar de mencionarse aquí que una de las prioridades de la Comisión Europea es reforzar la economía digital permitiendo a los ciudadanos europeos disponer de acceso universal a sus historias clínicas desde cualquier ubicación europea allá para 2020, es decir, en un plazo inferior a cinco años contados desde el momento actual. Para ello se parte del soporte regulatorio que proporciona la Directiva 2011/24/EU relativa a los derechos de los pacientes a ser tratados en los distintos territorios de la unión, cuya implementación prevista para 2013 habría de llevarnos hacia el deseado sistema centralizado Europeo de historias clínicas.  

¿Hasta qué punto siguen en vigor las sugerencias del mencionado artículo sobre las posibilidades de la aplicación de RFID en la gestión clínica? ¿Cuáles son los logros más importantes apoyados en esa tecnología? ¿Hasta dónde se puede llegar de aquí a 2020? Estas son las grandes cuestiones a las que queremos contribuir a dar respuesta desde este artículo de 2015. 

Este artículo se ha podido elaborar gracias a la financiación parcial proporcionada por el Proyecto PI13/02670, concedido por el Instituto de salud Carlos III, bajo el título “Identificación de oportunidades de mejora del flujo de pacientes de los Servicios de Urgencias Hospitalarios mediante un modelo de simulación por ordenador” en el marco de la Acción Estratégica en Salud 2013-2016.  

Ayer y hoy del RFID en el hospital: de 2005 a 2015

Hasta que se desencadenó la primera gran crisis del siglo XXI en 2007, todas las formas de gobierno, públicas y privadas, relacionadas con la asistencia sanitaria asistencial y no asistencial, estaban llevando a cabo grandes esfuerzos para mejorar la calidad y la eficiencia de los servicios, dentro de un entorno de medición del rendimiento en cualquiera de sus acepciones. Los informes de PwC (2002), o los de la Unión Europea y Eurostat (2003) y del US National Center for Health Statistics (2003) aluden a la relevancia de evaluar el impacto que sobre la eficiencia hospitalaria y sus proveedores son facilitados por los diferentes programas gubernamentales. 

En efecto, en las investigaciones del momento se mencionaba la existencia de un amplio potencial de mejora en la gestión de lo sanitario, la rendición de cuentas de los responsables de este sector y el reforzamiento de la capacidad de respuesta de estos gestores públicos y privados. Para ello, la vía más elegante y directa pasaría por la implementación de procesos sistemáticos de evaluación del rendimiento como parte esencial de la gestión sanitaria, auxiliada por políticas de divulgación voluntaria de información sobre los procesos hospitalarios. Estos procesos sistemáticos se proponían como vías para poder controlar la prestación desde el control y seguimiento de presupuestos, contrataciones, ayudas, etc. Una segunda razón para proponer estos sistemas de evaluación se encontraba en que ofrecían información estandarizada y actualizada sobre los bienes que pueden ser objeto de licitación a proveedores, a los que se les ofrecerían de este modo pautas claras sobre qué servir, cómo, cuándo, dónde y a qué coste. Aplicando esta iniciativa podrían conseguirse mejoras en la eficiencia y la calidad de la prestación de servicios similares a los pacientes y unidades de hospitales y se podrían desarrollar iniciativas de benchmarking para seleccionar proveedores y clientes y para asistir a los responsables de las políticas de salud en la identificación y puesta en marcha de estrategias que incrementen el rendimiento de los centros sanitarios. Por lo que respecta al punto de vista de gerentes y responsables de hospitales, siempre ha sido crucial conocer y comprender las estructuras de costes de los respectivos centros e identificar dónde están y a qué obedecen las ineficiencias en el uso de los recursos. Desarrollar unas operaciones de servicios eficientes ayudaría a controlar los costes de los servicios médicos y a ofrecer, en consecuencia, tratamientos más económicos y razonables, con un acceso más fácil para los pacientes. 

En aquel escenario de partida los pacientes y gestores eran ya ciudadanos bien informados que no sólo solicitaban ser atendidos pronto y bien, sino que, además, solicitaban mucha mayor información. En particular a los/las gerentes sanitarios se les pedían cambios relevantes en sus modos de gestión para dar cabida a las demandas de los diferentes stakeholders y en atención a los procesos competitivos de obtención de fondos públicos y privados. Todas las iniciativas voluntarias de mejora y modernización eran bien valoradas por la Administración pública.

En el contexto actual, las iniciativas no son ni necesariamente bienvenidas, ni voluntarias: se han tornado, en una gran parte de los casos en imposiciones obligatorias para poder mantener un nivel satisfactorio de prestación de servicios de calidad en un entorno económico más preocupado por los resultados económicos inmediatos que por la posibilidad de atender a propuestas de gestión que se encuentren en “boga” en esos momentos. 

También la ciudadanía ha cambiado: ha aumentado la esperanza de vida y la población envejece progresivamente como nunca antes. Clínicamente el panorama contempla numerosos ejemplos de enfermedades crónicas y se prepara para ser capaz de afrontar el reto de cómo atender a una población envejecida que solicita una calidad de vida razonable que no entre en conflicto con modo de vida habitual. No es difícil imaginar el papel a desempeñar por el Internet de las cosas, IoT , en este futuro inminente y para ello hay que ir trabajando en desarrollar una red capilar de información y protocolos, así como un pequeño arsenal de instrumental y aplicaciones variadas basadas en diferentes sensores (en ropa, implantes, en el domicilio, etc…)Al dotar a los pacientes de estos elementos pueden recopilarse datos médicos importantes sin necesidad de alterar su privacidad y se puede efectuar el seguimiento detallado de cómo dicho paciente sigue de estrechamente las pautas establecidas por los médicos. Internet puede usarse en combinación con RFID y esta tecnología suele ser útil porque las etiquetas de radio-identificación pueden funcionar sin pilas y su bajo coste es compatible con la posibilidad de emplear aplicaciones de usar y tirar. Además, al “etiquetar” a los pacientes aumenta la fiabilidad de los informes clínicos, que se corresponden unívocamente con pacientes pertinentes, además de que se administran los medicamentos adecuados a los pacientes correctos y se puede reducir notablemente el riesgo de shocks alérgicos.  

¿Y cómo es una clásica aplicación de RFID? La figura 1 ilustra cuáles son los principales componentes y cómo se relacionan entre sí. 

Figura 1: Componentes de un sistema RFID

Como es conocido, la identificación por radio frecuencia es un método para reconocer objetos de forma unívoca objetos mediante el uso de ondas de radio. Una etiqueta, con un microchip que contiene información digital, emite ondas que son “leídas” por un “lector” y transferidas a un centro de procesado de datos. Es posible emplear también etiquetas que no llevan microchips, pero que están fabricadas con un material reflectante que permite “rebotar” las ondas que les son enviadas desde otros sensores.  

Ayer y hoy de la filosofía Lean en hospitales 

La mayoría de los procesos y tareas que se desarrollan en los hospitales suelen estar acompañadas por actividades que no añaden valor y generan despilfarro. Estos despilfarros suelen producirse porque una buena parte de los procesos clínicos no se puede estandarizar y no siempre se puede anticipar cómo reaccionar ante todos los tipos de evento.

La mayoría de los procesos y tareas que se desarrollan en los hospitales suelen estar acompañadas por actividades que generan despilfarro

Surgen entonces situaciones de tratamientos inconsistentes, sistemas poco fiables para la atención a pacientes e incluso interrupciones de los tratamientos. Se generan así ineficiencias y altos costes, junto a la mayor probabilidad de cometer errores y a una frustración creciente del personal sanitario. 

Otra razón de los altos costes de los hospitales reside en que se siguen comprando artículos e instrumental que ya se tiene, con lo cual se malgasta el dinero.  El tiempo y los recursos son a menudo los más valiosos productos de un hospital y ambos se pueden perder cuando se destinan a la búsqueda de activos médicos, tales como sillas de ruedas, bombas de infusión o desfibriladores, por ejemplo. Habitualmente los hospitales han estado tan centrados en salvar vidas como primera prioridad, que han asignado pocos recursos y tiempo a adoptar la tecnología que ahorra dinero.

La tabla 1 pone en relación los siete tipos de despilfarros más habituales en el ámbito manufacturero y su interpretación / adaptación al entorno clínico (Aguado, Álvarez y Barcos, 2007) 

Tabla 1: Las siete categorías de despilfarro y la gestión hospitalaria

Si la aplicación de la filosofía Lean y la tecnología RFID sirvieran para detener los frecuentes robots que se producen en los hospitales y para mejorar la utilización de los recursos y reducir costes innecesarios, ya sería una innovación suficientemente importante como para recomendar su implantación, especialmente en tiempos como los actuales, donde los sistemas de salud han de revisar y reforzar su eficiencia. 

Encaminándonos al futuro de los hospitales: Smart Health, RFID e Historias Clínicas Informatizadas (EHR)

De entre todas las posibilidades de RFID, sin duda la más explotada hasta el momento es su capacidad para rastrear e identificar personas, objetos, información, que en el caso de su aplicación a hospitales agiliza notablemente la prestación del servicio. La posibilidad de encontrar rápidamente al personal sanitario, el instrumental, la historia clínica, y el paciente facilita, especialmente en los grandes hospitales, que los pacientes puedan ser correctamente atendidos en tiempo y forma. 

Algunos ejemplos reales que ilustran cómo los hospitales y la industria de la salud pueden usar la tecnología RFID para adoptar prácticas Lean de cadena de suministro, logrando con ello recortar costes y mejorar la seguridad, los encontramos en experiencias en las que se logrado la reducción de los inventarios de reposición y seguridad, como en el hospital Concord en New Hampshire, la mejora de la seguridad en las inyecciones que se logró en el Hospital Sanraku de Tokyo, la disminución de los efectos de los rayos X como en el Wake Forest Baptist Medical Center, el control de infecciones como la tuberculosis en el Hospital Metodista Harris Salud de Texas, o el sistema único de identificación de medicamentos aprobado por el Presidente Obama para entrar en vigor en 2015 con el fin de rastrear electrónicamente medicamentos recetados a través de los identificadores de productos. 

Según la información proporcionada por el informe Kalorama (2013) , la tecnología RFID se emplea básicamente en los siguientes segmentos de la atención hospitalaria: 

1) distribución y seguimiento de medicamentos, 

2) identificación y seguimiento de pacientes y personal médico, 

3) localización y seguimiento de instrumental médico, 

4) medicina móvil, 

5) seguimiento de historias clínicas y documentos médicos  

Seguidamente procedemos a describir brevemente cada una de estas aplicaciones 

Identificación y seguimiento de medicamentos

Los hospitales y centros de investigación están usando ya las etiquetas RFID para asegurar y mejorar los desplazamientos de sangre y tejidos dentro de sus instalaciones, y ello se observa en que cualquier bolsa, desde una biopsia  hasta un recambio para una transfusión, están etiquetadas con RFID para que el personal sanitario pueda rápidamente identificar de qué tipo de sangre se trata, qué paciente la puede necesitar, en qué quirófano, etc., etc.  Al mismo tiempo, al tratarse de bienes perecederos, la sangre y tejidos han de estar monitoreados para que no se rompan las cadenas de fríos ni se venza su fecha de caducidad. Ya está comprobado que las etiquetas RFID son más fiables que los ya anticuados códigos de barras. Y, lo que es más interesante, ya se cuenta con tecnología para emitir las señales desde las bolsas que no alteren las características esenciales de la sangre y los tejidos. 

Identificación de pacientes 

Las pulseras identificativas son ya tradicionales en los hospitales, pero el reemplazo de los códigos de barras habituales por las etiquetas RFID ha abierto nuevas opciones. Con estas nuevas etiquetas el personal sanitario es más rápido y eficaz en la identificación de los pacientes y en acceder a sus registros médicos, agilizando procesos como el de admisión y los desplazamientos entre las secciones del hospital. Además, estas pulseras funcionan como extensiones de las historias clínicas de los pacientes. Si estas historias están ya informatizadas, médicos y enfermeros pueden introducir los datos usando sus tabletas o en monitores junto a las camas y si aún no lo están, los sistemas RFID ayudan a identificar las historias en los archivos con mucha mayor rapidez. En definitiva, se trata de liberar tiempo y energía para poder atender mejor a los pacientes.  

Identificación de instrumental quirúrgico 

Para que una operación quirúrgica salga bien, es importante contar con el personal y el equipo médico adecuados, así como con el instrumental y las piezas que haya que injertar o trasplantar. Si estas piezas van adecuadamente identificadas, no sólo se dificulta su pérdida, sino que posteriormente a la operación se puede “escanear” al paciente para comprobar que ni le falta, ni le sobra, ninguna pieza. La seguridad del proceso, por tanto, aumenta notoriamente. Un ejemplo de estas aplicaciones es el conocido “SurgiChip”, que es un vendaje equipado con una etiqueta RFID que asegura que los doctores puedan llevar a cabo las intervenciones adecuadas a los pacientes idóneos y en el lugar correcto. Otro ejemplo son las esponjas quirúrgicas que emiten señales RFID, evitando que puedan quedarse “olvidadas” en el interior de cualquier paciente intervenido. Y también se trabaja ya para poder rastrear adecuadamente el instrumental quirúrgico, como bisturíes, tijeras, etc., para que pueda ser reutilizado tras su pertinente limpieza y esterilización. 

Otro ejemplo atañe a la gestión de inventarios mediante el uso de armarios “inteligentes” que informan de los niveles de existencias de los diferentes medicamentos, apósitos, etc. Con ello se consigue más tiempo y energías para que el personal sanitario pueda centrarse en lo relevante, que son los pacientes. Al mismo tiempo, también se puede pedir a los proveedores que incorporen complementos específicos o que preparen fórmulas particulares… que al ir identificadas desde fábrica y con las etiquetas incorporadas permitirán a las compañías farmacéuticas cumplir con la normativa relativa a la trazabilidad de los fármacos

Y, por supuesto, hay que recordar que en los hospitales se sufren muchísimos robots de instrumentos y medicinas. El coste de estos robots es muy elevado, pues no solo afecta a la reposición de lo robado, sino que también incluye  el tiempo de búsqueda de lo sustraído, la gestión de la adquisición, conseguir financiación adicional…. Es por ello que las etiquetas RFID han de ir bien adheridas a instrumental y equipos para que pueda ser detectada su salida involuntaria del hospital al atravesar las puertas de éste, oportunamente equipadas con lectores RFID. 

Medicina “móvil”

Cada vez son más los casos en los que a los pacientes puede tratárseles a distancia, no solo por cómo va envejeciendo nuestra población, sino porque las cada vez más originales e innovadoras aplicaciones de la tecnología RFID posibilitan el seguimiento y control de los pacientes aún cuando éstos se encuentren en sus domicilios y/o lugares de trabajo. Las posibilidades son múltiples. Desde el control de apneas severas hasta la vigilancia de pacientes diabéticos, pasando por botiquines inteligentes, gafas especiales, etc.  

Rastreado y trazado de documentos

La aplicación de etiquetas RFID a documentos originales facilita la conservación de éstos y la privacidad a su acceso. Proporcionando al personal autorizado tarjetas electrónicas de acceso a la información y de uso reservado, cualquiera de estas personas puede leer esa documentación desde cualquier lugar del hospital y saber cómo atender a la paciente. De este modo se garantiza que únicamente el personal autorizado tiene acceso a esa documentación y que sólo se proporcionará al paciente el tratamiento adecuado. Este puede ser, sin ir más lejos, el caso del implante VeriChip; éste suele implantarse bajo el tríceps derecho y contiene el DNI del paciente y el acceso a su historia clínica, incluyendo datos sobre medicinas no autorizadas, posibles alergias, etc. Este es un ejemplo muy interesante para personas con memoria débil, que no recuerdan sus datos o que olvidan llevar la tarjeta consigo, o que no saben leer o con visión limitada.

 

 

Algunas conclusiones y propuestas de futuro próximo

Como se ha ido sugiriendo no siempre se dispone en los hospitales de toda la información, ni siquiera de la relevante, sobre sus potenciales pacientes, lo cual se traduce en fallos, costes innecesarios, despilfarros, mala calidad del servicio, etc.  Se ha indicado igualmente en los epígrafes anteriores que parte de estos problemas pueden reducirse notablemente incorporando tecnologías de la telecomunicación (TICs) en la gestión hospitalaria, siguiendo las pautas oportunas para garantizar la privacidad y seguridad de los pacientes. 

Se ha adelantado, además, que los desarrollos próximos en el ámbito de las nuevas tecnologías van a dar lugar a cambios dramáticos en los entornos sanitario y clínico. Están emergiendo numerosas tecnologías e incontables aplicaciones de la misma, favoreciendo sin duda la práctica de la telemedicina. En 2015 el entorno sanitario ya se ve invadido por la tecnología RFID, los teléfonos inteligentes, las redes Wi-fi, los laptops… y el denominado Internet de las Cosas (IoT) permite que personas, equipos e instrumental y medicamentos puedan interconectarse de forma casi automática. 

Hemos tenido ocasión de presentar sucintamente aplicaciones muy interesantes que abren unas perspectivas increíbles. No obstante, quedan aún problemas por resolver antes de que la comunidad sanitaria abrace la causa de la tecnología RFID sin reparos… Por ejemplo, ha de lograrse que se acaben las interferencias entre las ondas de las etiquetas y las de los marcapasos, los monitores de ritmo cardíaco, etc., etc., en definitiva, elementos eléctricos comunes en un hospital. De otro lado, también hay que desechar por completo efectos secundarios, positivos o negativos, de las ondas de radio sobre los pacientes. Y hay que disipar las dudas sobre cómo afecta el pegado de las etiquetas a los envases de los medicamentos. 

Otro grupo de dudas son las relativas a los aspectos de privacidad y seguridad. Sin pretenderlo, no es difícil que RFID emita señales indeseadas concernientes a información relacionada con la salud. Es posible que personas de ética sospechosa accedan a datos confidenciales y los manipulen por tiempo indefinido, en tanto la etiqueta RFID esté en vigor.  Y esto no sería todo. Hay que considerar la posibilidad de la desgana con que el personal hospitalario acepte ser monitoreado y controlado en todo momento y pueden solicitar zonas “libres de RFID”.

El caso de la sanidad danesa constituye un ejemplo interesante a considerar, en la medida en que puede orientarnos sobre el futuro buscado por los países y hospitales europeos de nuestro entorno. No hace mucho tiempo Dinamarca se enfrentó a un importante cierre de hospitales junto a recortes importantes de recursos para la sanidad y hubo de responder ante sus ciudadanos con alternativas viables y satisfactorias para los votantes y contribuyentes. En el nuevo modelo danés, doctores y personal sanitario en su conjunto van equipados con instrumentos inalámbricos para capturar la información concerniente a cada paciente, incluyendo historia clínica y alergias a medicamentos, de tal modo que si un doctor prescribe un tratamiento inadecuado, salta una alarma para abortarlo. Este modelo, que se espera seguir desarrollando a lo largo de las próximas dos décadas, se nutre exclusivamente de financiación pública que se percibe tanto en coronas danesas como en becas y subsidios a investigadores como los de la Universidad de Copenhague, vía el proyecto  ‘Co-Constructing IT and Healthcare (CITH)’. La Universidad Técnica de Dinamarca, la Copenhague Business School, la IT Universidad de Copenhague y del Hospital Rigshospitalet. Este enfoque polifacético de la investigación permite analizar conjuntamente cuestiones relativas a la información tratada y la seguridad del sistema. 

Estos logros han ubicado al país al frente de una eficiente y eficaz atención sanitaria inteligente, seguido, aunque muy de lejos, por otros países europeos que por ahora solo cuentan, y no para todos los pacientes, con historias clínicas informatizadas. El resultado final es que Europa muestra, hoy en día un uso de los sistemas smart de salud que se asemeja gráficamente a una colcha de patchwork.  Como se mencionaba al inicio de este artículo, Europa aspira a contar para 2020 con una central supranacional donde se almacenen, tutelen y protejan las historias médicas de sus ciudadanos. Uno de los retos pendientes de solucionar es el concerniente a la privacidad y seguridad de los datos allí contenidos. Quizás pueda seguirse el ejemplo danés. 

Autores:

María José Álvarez Gil (UC3M)
Francisco Aguado Correa (Universidad de Huelva)